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31 mar. 2015

10 razones para amar la Granja de la infancia

La Granja de la infancia pertenece a un conjunto de tres espacios agrupados en el Tríptico de la infancia: el Jardín de los niños, la Isla de los inventos y la Granja. Ya hablé muchas veces de los otros espacios y seguramente vuelva a hacerlo en estos meses porque vale la pena visitarlos una y otra vez.
En este caso le toca a la Granja, unos de nuestros lugares favoritos en Rosario.
Estas son algunas de las razones que Guillermina aportó cuando le pregunté por qué le gustaba este lugar. Otras las propuse yo como mamá de 2.

1.  Hay varias "casitas en el árbol" donde se puede jugar juegos de roles, trepar por un entramado de sogas, tirarse del tobogán, atravesar un puente colgante y mucho más. Como si fuera poco, respetaron los árboles del predio y las casitas están construidas sobre los mismos. Ah, y no menos importante, son muy seguras.


2. Hay animales y están bien cuidados. Esto puede ser un punto controversial, pero lo cierto es que, al no haber zoológicos en Rosario, es una oportunidad para ver algunos animalitos de granja. Al menos están cuidados, bien alimentados y los corrales son espaciosos y limpios. Y no, no estoy a favor de los animales encerrados, pero tengo que confesar que a mis niños les encanta darles de comer, tocarlos y cada vez que vamos recorremos todos los recintos porque no suelen ver animales que no sean perro y gato.


3. Se puede ir en cualquier época del año. Está bien, esto es más una característica de nuestra ciudad que otra cosa, ya que no tenemos temperaturas extremas. Lo cierto es que de verano a primavera frecuentamos varias veces al año la Granja. Incluso si llueve, hay un sector cerrado para hacer manualidades.



4. El bosque de álamos. Hay un bosque en donde correr, esconderse, tirarse a leer. Los álamos susurran historias con sus hojas plateadas, proveen bokeh para tus fotos y un paisaje que cambia muchísimo de otoño a primavera. Son una maravilla.

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5. Hay patos. Y no califican para el punto "hay animales", primero porque los patos están sueltos y libres y segundo porque son los dueños absolutos de la Granja. Varias veces al año vemos patas cuidando a sus patitos bebés. Tienen un lugar exclusivo al cual no se puede acceder, para cuando se cansan de que mis hijos -y los de los demás- los corran ;-) A veces hay que tener cuidado porque te vienen a robar los hidratos de carbono que tan apropiados son para el lugar!





6. Hay montañas. Bueno, obviamente no es el plegamiento terciario, no. Son unas simples colinas por las cuales mis hijos se tiran corriendo o rodando y muchos otros practican "culipatín" con cartones que se llevan especialmente para la ocasión (el ingenio no tiene límites).


7. Venden plantines sanos (no se te mueren a los dos días) y varios productos elaborados por el espacio, desde pan casero a mermelada.


8. No hay ningún tipo de publicidad política ni empresarial. Y no, no es un hecho menor. Es un lugar bellísimo al que cualquier tipo de publicidad empobrecería.


9. Es apto para todas las edades. Tiene juegos para niños más grandes, seguridad para los pequeños y áreas de esparcimiento cercanas a los juegos para los adultos. Se suma el hecho de que el predio es tan grande que en muy pocas ocasiones se satura. En la foto, Pedro, mi sobrino de casi 9 años.


10. Es un espacio de gestión pública, lo mantenemos entre todos pagando impuestos y lo podemos disfrutar todos porque la entrada es de un costo simbólico: la entrada general es de $10 y los menores de 4 años no pagan (idéntico en los otros espacios del tríptico).


Bonus: hay una huerta en donde los mismos chicos pueden cosechar y varios eventos a lo largo del año (Semana de la lectura, Vacaciones de invierno, conmemoración del 24 de marzo, etc.)

Si visitan Rosario, no pueden perderse la Granja. Si son de Rosario, a disfrutarla, mientras más usamos los espacios de gestión estatal, más sentido tiene para el estado conservarlos. Recordemos que para algunos, lo público es lo único, con nuestra participación podemos lograr que estos espacios se mantengan abiertos y bien cuidados.

La Granja de la infancia. Presidente Perón al 8000. Más info en este link o en la página de facebook.
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21 mar. 2015

El trigal

De este lado del mundo, hoy empieza el otoño. Después de dos semanas completas con la humedad a tope y máximas de 38°, se agradecen los 12° y el azul profundo del cielo. Además ayer fue algo así como el día internacional de la felicidad y entonces decidí venir a contar qué cosas me han hecho feliz este último tiempo.
Entre mis múltiples "sueños fotográficos" (que son muchos y caros, créanme), había uno bastante accesible: fotografiar un trigal. Digo accesible porque vivo en la llanura pampeana y el trigo es algo frecuente. De todas formas me costó años cumplirlo, primero porque durante mucho tiempo sólo se sembró soja, segundo porque al no tener auto llegar al campo se complicaba.
Cuando en noviembre pasado mi amiga Marcia nos invitó al cumple de su hijo mayor en Tortugas, una localidad al oeste de la provincia, justo antes del límite con Córdoba, supe que estaba cerca de cumplir mi sueño. La parte en donde le pregunté a mi amiga si había que pedirle permiso a alguien fue épica. Nací y me crié en la llanura pampeana, pero en una ciudad y ¡en las ciudades se pide permiso para todo! Yo quería saber si tenía que llevar una nota o si bastaba con saltar la tranquera, ja! Ríanse de mi ingenuidad, ok.
Al bajar de la autopista a Córdoba para tomar la ruta 9, allí estaban: muchos trigales uno al lado del otro.  Decir que los campos de trigo sobre la ruta son bellos, es poco. Bajamos en un lugar en donde la tranquera estaba abierta y nos tiramos sobre el trigo. ERROR! Pincha y es pegajoso, pero ya a esa altura no me importaba nada! Otra cosa que es cierta: ese día había viento y el trigo cantaba, bailaba, se movía como una masa sólida de acá para allá. Me pareció una cosa increíble, infinitamente hermosa.
Cumplir los sueños nos hace felices, ¿no? Ahora solo me faltan NYC, la aurora boreal y los campos de lavanda en la Provenza francesa (les dije que eran caros!), aunque con fotografiar un campo de girasoles casi que me conformo ;-)



Su cabello de trigo no es metafórico, guarda!


Mi niña 



Una tranquera


Suerte que a D le encanta parar en la ruta y pedirme que le saque este tipo de fotos :P


Esta vez también fui inmortalizada, ya que estaba cumpliendo un sueño! ¿Y el diploma?


Bellísimo trigal



Con estas fotos tan veraniegas, sinónimo del sol que comienza a morir para renacer en primavera, le doy la bienvenida al otoño. Te estábamos esperando, viejo amigo, como cada año.



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19 mar. 2015

{28 días con Emilio} 2015

Desde hace 3 años, realizo este proyecto fotográfico con Emilio. Se trata de 1 foto al día en blanco y negro durante todo febrero, proyecto inspirado en el que realiza Kristen Cook cada enero con sus hijos. Empecé en 2013 y, sinceramente, estuve a punto de abandonarlo este año. Tuve una cantidad enorme de sesiones durante febrero y se me hacía prácticamente imposible llevar adelante un proyecto personal. Pero a último momento decidí que no podía abandonarlo y opté por la forma más práctica: el teléfono. En diciembre cambié de celular por uno más básico, la calidad de las fotos es espantosa, pero amo este proyecto y creo que capta muy bien la personalidad de mi hijo menor. 
Para que fuera más fácil la descarga -y así poder armar el collage-, utilicé la etiqueta #febreroconEmilio (primero chequeé que nadie más la estuviera usando). Una vez terminado febrero, descargué todas las fotos agrupadas en el hastag a través de Instaport. El collage lo armé en Indesign porque me resulta más práctico, pero si saben utilizar las máscaras de recorte, pueden hacerlo en PS.
Si quieren seguirme en Instagram, mi cuenta es @luisinaese
Para ver el febrero con Emilio de 2013, click acá
Para ver el febrero del año pasado, acá

Y estos son los 28 días de febrero que vivió Emilio en 2015, con sus 3 años, toda una vida <3 


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16 mar. 2015

Un poquito de playa y el Palacio San José

Como les contaba ayer, las playas de la costa del río Uruguay estaban anegadas debido a la creciente. Nuestro alojamiento era un bungalow pequeño, en el medio de la ciudad y sin pileta, por lo que necesitábamos encontrar un lugar donde disfrutar un rato del agua. Los lugareños nos recomendaron un camping que estaba cerca de Concepción del Uruguay, en las ruinas de un antiguo molino de trigo. Se trata de un camping gigante, con bungalows e infinito espacio para carpas, en la orilla del arroyo Urquiza. Si bien es un emprendimiento privado, vale la pena conocerlo -si te gusta la carpa, dale para adelante porque las instalaciones son perfectas para acampar, en otoño debe ser muy bello- y pasar el día allí.
Mis hijos se tomaron literal lo de "pasar el día". Entraron a las 10hs al arroyo y logramos sacarlos a las 17hs. (gracias San Dermaglós! algunos dirán que es tóxico...pero las quemaduras que yo me agarraba en mi niñez mis hijos no las tuvieron jamás!). El agua fresca, la arena blanca, piedras, pececitos, la combinación perfecta para que los chicos disfruten. El arroyo en realidad está canalizado y tiene poca profundidad, lo cual lo hace muy seguro. Había un par de lugares en donde Guille no hacía pie, pero en general los podías dejar jugar bastante libres. 






Al costado del predio del camping, están las ruinas del molino Barreiro, un viejo molino de trigo abandonado. Es un lugar muy lindo para caminar y descubrir sus puertas, ventanas, pasadizos, etc.





Hola! Tengo una foto con mis hijos! Felicidad total (aunque el pelo me genera dudas con respecto a la "felicidad", ja!)




Después de todo el día en el camping, nos quedaba pendiente la visita al Palacio San José, muy cerquita de Concepción del Uruguay. También fue una sorpresa recorrerlo. El Palacio San José fue la última casa en la que vivió Justo José de Urquiza, una de las figuras políticas más importantes del SXIX. Había visitado el palacio en aquél viaje de 7mo. grado, pero la dimensión histórica del lugar y lo que implica visitarlo recién las descubrí esta vez. 
En definitiva, mis conclusiones me alejaron políticamente de Urquiza (el tipo se compró un barco a vapor para pasear por un estanque...¡por un estanque!) y me quedé pensando en lo duro que debe haber sido llegar hasta el palacio para la familia del caudillo. Me refiero a esto porque aún hoy la construcción está en el medio de la nada, no me quiero imaginar lo complicado que debe haber sido llegar hace casi 200 años atrás. De este hecho se desprende otra conclusión. Como bien sabemos, a Urquiza lo asesinan en el palacio. Todas las puertas de la residencia estaban abiertas y claramente se debe haber oído que venían jinetes al galope desde una distancia considerable, es decir, los guardias tuvieron el tiempo suficiente para cerrar las puertas, pero no lo hicieron, ergo, estaba todo arreglado. Por supuesto, no es novedad que el SXIX en Argentina fue violento. Bueno, de hecho la violencia política en Argentina es algo que nos define como sociedad.
Del palacio en sí, lo que más me impactó es la modernidad de la construcción, los detalles de decoración, el trabajo de herrería en las rejas, las puertas talladas, el piso de ladrillos que te lleva hasta el estanque. Algunas de las ventanas parecen salidas de Casa chaucha! Imaginate el título "Justo José, caudillo" y todas las fotos de la casita que se hizo construir.












Me matan los azulejos, la verdad, le envidio profundamente la cocina a Urquiza, lo que en un punto es delirante ;-)




Jardín delantero


Camino al estanque, en donde paseaba en su barquito, el "San Cipriano".


Se puede visitar hasta las 18hs. Más info, acá.
¿Conocen el Palacio?¿Les gustó? A mi la construcción me pareció increíble. Mis hijos se aburrieron muchísimo, pero bueno, estaban muertos del día en el arroyo, así que es comprensible. Si bien es una visita para adultos, con niños descansados puede disfrutarse perfectamente :)

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